Groups > Interbase > InterBase third party tools > (IVÁN): LA JUSITCIA ENRIQUECE LA VIDA, PERO EL PECADO LA EMPOBRECE




(IVÁN): LA JUSITCIA ENRIQUECE LA VIDA, PERO EL PECADO LA
EMPOBRECE

(IVÁN): LA JUSITCIA ENRIQUECE LA VIDA, PERO EL PECADO LA EMPOBRECE
9 Feb 2008 19:53:55 -0700
Sábado, 09 de febrero, año 2008 de Nuestro Salvador 
Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica 


(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo) 


LA JUSITCIA ENRIQUECE LA VIDA, PERO EL PECADO LA EMPOBRECE: 


La justicia engrandece a la nación "porque es el Espíritu del 
Señor Jesucristo en su función espiritual", pero el pecado es 
afrenta para sus pueblos y para la humanidad entera, también, 
"porque proviene directamente de Satanás". La justicia es 
como el fruto del Árbol de la vida eterna, nuestro Señor 
Jesucristo, "enriqueciendo siempre para bien": pero el pecado 
es como lo de siempre, el fruto prohibido "para no tocar ni 
menos comer de él jamás", para no desagradar a nuestro Padre 
Celestial, como Adán le desagrado amargamente su corazón 
santo en el día de su desobediencia. 

En verdad, la justicia es de Dios de medio a medio, como lo 
más precioso de su corazón santísimo y, por tanto, "enriquece 
profundamente" el corazón, el espíritu, el alma y el cuerpo 
humano de todas las familias de las naciones de la tierra, y 
jamás hace excepción alguna de ninguna persona o personas. 
Pero el pecado "es el mal de Satanás", como lo más horrendo 
de la vida pecadora y rebelde a Dios y a su Ley Santísima, 
por el cual la humanidad entera jamás ha deseado vivirlo para 
no sufrir pobreza alguna, desde los días del paraíso y hasta 
nuestros tiempos, por ejemplo. 

Ciertamente, el pecado "es esa vergüenza sin valor 
espiritual" que Adán y Eva sintieron primero delante de la 
presencia de nuestro Dios y de su Árbol de vida, después de 
haber comido del fruto del árbol de la ciencia del bien y del 
mal, para mal de sus vidas celestiales y para mal eterno de 
muchos, a la vez. Y, desde entonces acá, "la mancha del 
pecado habita en la sangre del pecador y de la pecadora", 
para sólo conocer tinieblas tras tinieblas, de mentiras y de 
calumnias terribles, como el mismo corazón de Satanás, por 
ejemplo, en la tierra y así también en el más allá, como en 
el fuego eterno del infierno y del lago de fuego. 

Porque la verdad es que en el pecado, sea grande o pequeño, 
"no tiene luz alguna, ni menos bien alguno para nadie", en 
esta vida, ni menos en la venidera tampoco, eternamente y 
para siempre. Y esto es verdad para todo ser viviente del 
cielo, como los ángeles caídos o como Adán y Eva del paraíso 
y sus descendientes en todos los lugares de la tierra, para 
"sólo conocer la vida de Satanás y de su pecado original" y 
más no el Espíritu enriquecido y prospero del fruto de la 
vida de nuestro Salvador Jesucristo.  
Es por eso que "el hombre sufre todas clases de males de las 
enfermedades terribles de Satanás y de sus ángeles caídos", 
también, día a día en su vida por la tierra, y hasta que 
finalmente cae abatido y muere por sus muchos errores y por 
sus males terribles entre las llamas ardientes del fuego 
eterno del infierno. Y "el infierno no es como el paraíso de 
Adán y Eva", en donde se puede comer libremente, como en la 
tierra de nuestros días, por ejemplo, de la palabra de vida 
de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo y de su 
Hijo amado, ¡el Árbol de la vida! 

El infierno es real e igual de candente como el Sol de 
nuestros cielos y de nuestro sistema solar, para devorar las 
almas pecadoras para siempre, "porque gusta mucho del sabor 
del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del 
mal, en el pecador y en la pecadora de toda la tierra". Y el 
infierno es una masa gigante y destructiva del más allá, la 
cual nada ni nadie la podrá satisfacer jamás "de tragar 
espíritus caídos del cielo y de almas perdidas y sin 
Jesucristo" en sus corazones; es más, y hasta aún Satanás y 
sus ángeles caídos le temen formidablemente.

Entonces el que no come de Dios, ni del Espíritu de su 
palabra viva, ni de la sangre de su Árbol de vida eterna, 
pues simplemente "muere como todo rebelde y pecador del 
paraíso o de la tierra", para no vivir más con Dios en el 
cielo, sino en otro lugar, como el infierno o el lago de 
fuego, por ejemplo. Porque el fin de todo pecado "es la 
muerte", en el paraíso, en la tierra y así también en el más 
allá: en donde el pecador espera por la muerte de su corazón 
y de su alma infinita, para "no volver a ver la luz del día 
jamás", sino sólo las hondas tinieblas de la muerte eterna. 

El infierno inhumano y fiero, en donde "no hay justicia", 
sino sólo la injusticia tras injusticia interminable y 
terrible de los corazones rebeldes y pecadores, de los cuales 
vivieron sus vidas en la tierra siempre desafiando y 
menospreciando a Dios y al nombre sagrado de su Hijo amado, ¡
nuestro Señor Jesucristo! Por lo tanto, en el infierno no hay 
justicia alguna, sino todo lo contrario, como de lo que seria 
haber comido y bebido del fruto del Árbol de la vida eterna, 
¡nuestro Señor Jesucristo!, en obediencia perfecta e infinita 
a nuestro Dios y a su Espíritu Santo, para que "sólo así 
entonces seamos parte eternal de la rectitud imperecedera del 
cielo".  

Es por eso que cuando la alma pecadora y sin Jesucristo en su 
corazón muere y desciende al infierno, entonces lo primero 
que siente en su espíritu y en su ser viviente "es una sed y 
hambre más allá de todo sentido humano en su corazón": por la 
justicia viva del fruto del Árbol de la vida, ¡nuestro 
Salvador Jesucristo! Y no la encontrara ya más, como en su 
frecuente caminar por la tierra, porque "su tiempo de creer 
en el Señor Jesucristo en su corazón, como su único y 
suficiente salvador de su alma eterna ya termino en su vida", 
delante de Dios y de su Espíritu Santo para no regresar a su 
vida normal del paraíso jamás. 

Por lo tanto, lo único que le resta a esa alma sin Jesucristo 
en su corazón y entre los terribles lugares del infierno, "es 
esperar por su juicio final": en donde nuestro Padre 
Celestial decidirá su veredicto final para la eternidad 
venidera (de acuerdo a lo que esté escrito de él o de ella, 
en los libros del cielo, por ejemplo). Porque en los libros 
de los cielos, todo lo que el hombre piense, haga, diga, 
sienta y, por lo tanto, viva en su corazón y en todo su ser 
viviente "está escrito por los ángeles del SEÑOR", para ser 
leídos por vez primera en el juicio final de nuestro Dios, 
para juzgar todas las cosas, grandes y pequeñas. 

Para que de esta manera, "todo pecado" y, por ello, "toda 
injusticia sean llevados juntos a su justo juicio final" de 
nuestro Dios y de su Cordero Inmolado para su condena eterna, 
en el lago de fuego: en donde no volverán a hacer de las 
suyas jamás, como siempre, en la vida de todo ser viviente de 
la creación de Dios. Y así "nadie jamás se habrá burlado de 
Dios y de su Jesucristo" ni el paraíso, ni la tierra, ni 
menos en el más allá, como entre las llamas de la ira de Dios 
y de su Espíritu Santo en el infierno y en el lago de fuego 
(la muerte de la muerte, para que ya no haya más injusticia). 

En verdad, cuando el ángel de la muerte muera, entonces 
"habrá acabo infinitamente la injusticia de todo pecado y de 
cada una de sus hondas tinieblas de Satanás y de cada pecador 
y de cada pecadora" del paraíso y de toda la tierra, también. 
Y sólo entonces finalmente "el ángel de la muerte tendrá que 
morir su muerte", como todo vil pecador, delante de Dios y de 
su Jesucristo: en la medida en que, fue el Señor Jesucristo 
quien le manifestó a la muerte, por vez primera en su vida 
mesiánica en Israel, por ejemplo, que moriría por su poder y 
por su justicia. Y le dijo abiertamente y sin más preámbulos: 
"Muerte, yo soy tu muerte". 

Y "estas son palabras de gran temor para el ángel de la 
muerte", las cuales no conocía aún, ni le habían pasado por 
su mente jamás, sino hasta que Dios se las revelo a él, por 
medio de su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Y la razón 
porque nuestro Señor Jesucristo puede destruir a la muerte 
eternamente, será porque no sólo es el Hijo de Dios, sino 
porque "él es la justicia fundamental del corazón de cada 
hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera", en la 
tierra y así también en el juicio final de las cosas y para 
siempre en la eternidad. 

Por lo tanto, la justicia viviente de Dios en nuestros 
corazones, la cual siempre ha sido nuestro Señor Jesucristo, 
pues "destruirá finalmente al ángel de la muerte", en su 
lugar único y eterno del más allá, en el lago de fuego. Es 
decir, como cuando así la muerte se agradaba en matar, 
destruir y de lanzar almas perdidas y sin Jesucristo en sus 
corazones al infierno, en los días de sus muertes: "pues, la 
justicia divina del cielo hará lo mismo con él en su día 
final para suprema justicia final de nuestro Padre Celestial 
y de su humanidad entera". 

En verdad, la justicia real y verdadera de nuestro padre 
Celestial y de su Espíritu Santo, la cual existe en el 
corazón de cada una de las victimas de la muerte, lo entienda 
o no, lo matara a él mismo, para destruirlo y lanzarlo al 
lago de fuego, para que guste de su propio mal eterno y 
entonces muera por fin. Ahora la justicia de nuestro Señor 
Jesucristo sea que creamos en él o no, en realidad esa misma 
justicia celestial, sagrada y bendita, la cual nuestro Padre 
Celestial le entrego a Adán y así también a cada uno de sus 
descendientes, también, pues acabara para siempre con el mal 
del ángel de la muerte: "lanzándolo al lago de fuego eterno". 

Y sólo entonces ya nadie morirá, ni menos los animales de la 
tierra, ni los seres vivientes del más allá, tampoco, por 
ejemplo; pues la felicidad total del corazón de Dios ha 
llegado a cada uno de nosotros, por fin. Por ello, gracias a 
nuestro Señor Jesucristo, por su grandeza y por su justicia 
infinita, entonces nosotros mismos, seamos pecadores o no, 
terminaremos con el ángel de la muerte: "destruyéndolo en su 
día final y lanzándolo al lago de fuego, para que no vuelva a 
afligir a ninguno de los seres creados por las manos de 
nuestro Dios: ¡el hombre"! 

Pues quizás tú no creas que has de destruir a la muerte en su 
ultimo día de vida, pero así ha de ser, sea que creas o no en 
el Señor Jesucristo en tu corazón, porque "esto es obra para 
justicia eterna de nuestro Dios, por medio de su Árbol de 
vida eterna del paraíso y de toda la tierra". Porque es el 
mismo Espíritu de la justicia infinita y muy santa de nuestro 
Señor Jesucristo, la cual le ha de dar gloria y honra a 
nuestro Padre Celestial que está en los cielos: "en el día 
que elimine al ángel de la muerte, junto con el pecado y con 
cada una de sus hondas tinieblas del corazón de Satanás". 

Y sólo así entonces "la humanidad entera gozara su primer día 
de vida, de paz y de felicidad infinita y sin Satanás en su 
derredor", para vivir por siempre y para siempre para nuestro 
Padre Celestial que está en los cielos, únicamente por medio 
del Espíritu de su fruto de su nueva vida infinita, ¡nuestro 
Salvador Jesucristo! Y este ha de ser nuestro primer día 
lleno de gozo, de gran altura e inmensurable de bendiciones, 
la cual "sólo la puede impartir una vida humana pura y santa, 
como nuestro Jesucristo para nuestro Dios", en cada uno de 
nosotros, en nuestros millares, en el paraíso y así también 
en la tierra, sin el espíritu de injusticia de Satanás, para 
siempre. 

Es por eso que toda nación que ama a su Dios y a su 
Jesucristo, verdaderamente, "es engrandecida por éste gran 
Espíritu de justicia eterna", en los corazones y en las vidas 
de cada uno de sus ciudadanos, delante de nuestro Dios y de 
su Espíritu Santo, para que haya por siempre paz, gozo, 
felicidad y poder en sus días porvenir. Porque en el mundo en 
que vivimos necesitamos cada una de estas cosas maravillosas, 
gloriosas y hasta milagrosas de Dios y de su Árbol de vida y 
sobre todas las cosas poder, siempre mucho poder: "para poder 
entonces vivir una vida compatible y agradable a nuestro Dios 
y al único Espíritu Santo de su Ley Viviente". 

Y el pecado de cada nación finalmente ha de morir en el lago 
de fuego, después del gran juicio final de nuestro Padre 
Celestial y de su Cordero Escogido, para que "la humanidad 
tenga su primer día lleno de gozo y de felicidad infinita por 
vez primera, sin la presencia terrible de Satanás y de su 
ángel de la muerte". Porque Satanás y el ángel de la muerte 
han de morir, "en el día que cada injusticia y cada pecado 
sea juzgado por nuestro Dios", de acuerdo a cada palabra y 
acción de Adán y de sus descendientes, en el paraíso y en la 
tierra, para que por fin reine la justicia con libertad 
eterna sobre los pueblos de la tierra.

EL QUE NO HACE EL BIEN PECA Y VIVE EN OPOSICIÓN DE JESUCRISTO

Por tanto, al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, pues "eso 
le es contado por maldad, por pecado y por injusticia 
eterna", si no se arrepiente, cuanto antes mejor, del mal 
terrible de su corazón ciego por las tinieblas de su pecado 
original. Es decir, que cuando no hace lo que aún sabe hacer 
en su vida, aquella persona para alcanzar el bien de otros, 
entonces "es como si hubiese cometido algún tipo de crimen 
delante de Dios y de su Jesucristo", por ende, le es contado 
como injusticia, como falta de equidad para ser castigado 
estrictamente por la palabra de la Ley Viviente. 

Porque nuestro Padre Celestial no le ha dado dones a los 
hombres y muchas otras habilidades especiales en sus vidas, 
para hacer el mal, sino "para trabajar y promover siempre el 
bienestar de los demás, comenzando con ellos mismos para ser 
el buen ejemplo a seguir de sus semejantes, por ejemplo". Y 
nuestro Dios desea que cada uno de nosotros descubramos 
nuestros dones y habilidades especiales en nuestras vidas, 
para "derrotar a cada una de las tinieblas del pecado y de la 
injusticia en la vida de muchos desdichados de la tierra" 
(como de los que aún no conocen lo que es comer del Árbol de 
la vida en oración, por ejemplo). 

En vista de que, todos los que hacen el mal siempre, "es 
porque no conocen en sus corazones al Hijo amado de Dios", 
nuestro Señor Jesucristo: "como el Hijo de David para la 
nueva eternidad venidera de La Nueva Jerusalén Santa y 
Gloriosa del cielo". Y esto es realmente para vivir desde ya, 
como si estuviéramos ya viviendo en el paraíso o en la nueva 
Jerusalén del cielo, para "alimentarnos día y noche sólo en 
el espíritu de la verdad, de la justicia y del derecho de 
comer y de beber del Árbol de la vida eterna, nuestro único 
gran rey Mesías posible", ¡nuestro Señor Jesucristo! 

Y como las multitudes y sus pueblos eternos no conocen ésta 
gran verdad firme e imparcial del paraíso en sus vidas, 
entonces "pecan y obran siempre día y noche para mal de sus 
vidas y para la injusticia de muchos, también, 
desdichadamente". Es por eso que sobreabunda en muchos 
lugares el pecado y la injusticia de aquellos que no han 
conocido jamás en sus corazones: "la justicia divina de Dios 
y de su nueva vida venidera, ¡nuestro Señor Jesucristo!, el 
único Santo del cielo y de la humanidad entera". 

Es decir, también, que mucha gente actúa mal y peca 
indiscriminadamente y, por tanto, hace muchas malas obras en 
sus vidas, porque no conocen al Señor Jesucristo, como 
deberían conocerle a él, como "su único y suficiente salvador 
de sus vidas", ¡el fruto de vida eterna de nuestro Padre 
Celestial para sus almas hambrientas y sedientas por la 
justicia perpetua! Y el que come del Señor Jesucristo día y 
noche en oración, entonces "ya no vive para las tinieblas y 
su injusticia de siempre, como la injusticia destructora de 
pueblos del pasado, por ejemplo, sino que vive para la luz y 
para la verdad infinita de la nueva vida eterna de Dios y de 
sus ángeles gloriosos, del nuevo reino celestial". 

Porque con el Señor Jesucristo en los corazones de las 
multitudes de los pueblos de la tierra, entonces "ya no hay 
injusticia ni pecado alguno", tan sólo desde el momento 
maravilloso, prodigioso y milagroso, como cuando comienzan a 
orar y a creer en sus corazones y a confesar con sus labios, 
por ejemplo, el nombre sagrado de nuestro Salvador 
Jesucristo. Por eso los que aman a nuestro Padre Celestial 
verdaderamente en sus corazones eternos, entonces "esto 
significa que nuestro Señor Jesucristo ya no es desconocido 
en sus espíritus humanos", sino que vive para darles poder 
continuamente para caminar por siempre: "únicamente en la 
verdad y en la justicia salvadora del paraíso y del nuevo 
reino de los cielos, por ejemplo". 

Y, de esta manera, "ya no abunde la mentira, la calumnia, el 
pecado y la muerte del corazón de muchos", sino sólo la 
verdad de Dios y la justicia infinita de su Hijo amado, 
nuestro Árbol de vida eterna, en la tierra y en el paraíso, 
para siempre. Para que entonces así: "únicamente abunde mucho 
más la luz del Árbol de la vida, que las tinieblas de 
Satanás", no sólo en los corazones de las multitudes de los 
pueblos, sino también en los vastos espacios de la tierra; es 
decir, para que el mundo entonces "sea la luz del unigénito y 
más no de las tinieblas de Satanás". 

En otras palabras, cuando el pecado y la maldad abundan en 
algunos lugares de la tierra, "es porque Jesucristo no está 
en sus corazones, sino Satanás"; y, por ello, la gente sufre 
males terribles, "sin tener que sufrirlos jamás realmente, 
por voluntad sagrada de nuestro Padre Celestial y de su 
Espíritu Santo, porque han sido declarados eternamente libres 
en su Jesucristo". Además, cuando la gente por todos lados 
abunda en muchas buenas obras, entonces "esto significa que 
el Espíritu del nombre y de la sangre del Árbol de la vida, 
nuestro Señor Jesucristo, está en sus corazones y en sus 
vidas", para dar buenos frutos y en abundancia también, 
siempre para facilitar milagros, sanidades sobrenaturales y 
el bien eterno de muchos. 

Y, de esta manera única, entonces "la tierra ya no seria 
tinieblas por culpa del pecado y de la injusticia de Satanás, 
sino luz, vida, alegría, fe y salud en abundancia", porque 
muchas gentes han de estar haciendo la voluntad de Dios, y 
esto es de creer e invocar el nombre de su Jesucristo 
constantemente, como en el paraíso, por ejemplo. Por ello, 
fue que nuestro Padre Celestial llevo de la mano a Adán al 
pie del Árbol de la vida, "para que haya siempre luz de vida 
y de salud infinita en el paraíso y más no tiniebla de ningún 
mal de Satanás", como las enfermedades del infierno y hasta 
la muerte del ángel de la muerte, por ejemplo. 

Además, nuestro Padre Celestial quería que Adán comiese y 
bebiese del Árbol de la vida eterna, cuanto antes mejor, 
"para que ninguna tiniebla de Satanás nazca en el paraíso", 
como sucedió con los ángeles caídos en el reino de los 
cielos, amenazando / amargando así la paz y la gloria de toda 
una vida antigua y muy santa del cielo. Y los ángeles caídos 
se perdieron con el pecado y las muchas tinieblas de Satanás 
en sus corazones, "porque sabiendo hacer lo bueno no lo 
hicieron", como escapar de la maldad del enemigo numero uno 
de Dios en sus mismos corazones, por ejemplo: "con tan sólo 
aceptar a Jesucristo en sus vidas antes que el mal del pecado 
rebelde de Satanás". 

Y como los ángeles caídos no hicieron el bien que sabían 
perfectamente hacer, para derrotar a Satanás y su plan 
diabólico de transformar el reino celestial en un mundo de 
tinieblas, entonces "nuestro Padre Celestial los desecho de 
su presencia y no quiso perdonar sus pecados", aunque muchos 
lo buscaron de todo corazón y con grande llanto en sus 
espíritus celestes. Y a muchos de estos ángeles caídos en la 
iniquidad y en el desdeño de sus tinieblas imperdonables, por 
ser muy poderosos en si, entonces "nuestro Padre Celestial 
los encadeno en calabozos terribles en los hondos abismos del 
infierno, para ser llevados a su juicio final muy pronto". 

Porque si Dios no los hubiese encadenado a estos ángeles 
poderosos de gran maldad, entonces "la vida de la tierra 
fuera aún mucho más terrible que los días de Noé, por 
ejemplo": en donde el Espíritu de su palabra viva y del 
sacrificio eterno de su Hijo amado no hubiese sido posible 
predicar a las gentes, para perdón de sus almas. Es por eso 
que nuestro Padre Celestial tiene a muchos de estos ángeles 
caídos amarrados en el Abismo aún, reservados para el día de 
su juicio final para ser juzgados: "por lo que pensaron, por 
lo que sintieron, por lo que dijeron con sus labios en contra 
de él y de su Árbol de vida eterna, nuestro único Salvador 
Jesucristo". 

Y su acusación celestial será entonces en aquel día: ¿Por qué 
hicieron el mal de rebelarse en contra del Árbol de la vida, 
nuestro Señor Jesucristo, conociendo en sus corazones que 
únicamente él es el Hijo de Dios, para gloria y honra 
infinita de su nombre santísimo en el reino de los cielos y 
en la nueva era venidera, también? Y los ángeles rebeldes "no 
tendrán defensa alguna para justificar su mal proceder" ante 
Dios y ante su Espíritu Santo y su Árbol de vida eterna de 
todo ser viviente, nuestro Salvador Jesucristo; por lo tanto, 
en el día del juicio "no tendrán perdón alguno por sus 
pecados e injusticias", sino sólo un lugar asegurado en el 
lago de fuego.  

Y, básicamente, "es la misma denuncia en contra de todo 
pecador y de toda pecadora de toda la tierra", los cuales 
estarán en su día del juicio final delante de Dios y de su 
Cordero Escogido, para ser juzgados finalmente por su mal 
proceder en contra de Él y de su Jesucristo. Y nuestro Padre 
Celestial y su Espíritu Santo "no desean que estemos ahí, 
condenados juntos con los ángeles caídos", en aquel día del 
juicio final, sino que "estemos con su Jesucristo de nuevo de 
regreso a la vida santísima del cielo y del paraíso, sólo por 
haber invocado con nuestros labios en oración su nombre 
salvador y milagroso, ¡nuestro Señor Jesucristo! 

Dado que, sólo nuestro Señor Jesucristo "tiene los poderes y 
autoridades sobrenaturales en el Espíritu de su sangre y de 
su nombre milagroso, para perdonarnos nuestras injusticias y 
pecados", para hacernos libres, limpios y llenarnos a la vez, 
infinitamente de su nueva vida eterna, la cual nuestro Dios 
ama de todo corazón desde siempre, para cada uno de nosotros. 
Y, además, "escaparemos el mal del juicio final" de nuestro 
Padre Celestial y de su Espíritu Santo para todo pecador de 
toda la vida de la tierra, porque "nuestros nombres han de 
estar escritos en el libro de la vida" (el cual es el libro 
del Cordero Escogido de Dios, su Hijo amado y nuestro único 
Salvador del cielo, ¡Jesucristo!) 

En la medida en que, con la sangra santa y sumamente 
gloriosa, con la cual nos limpio y nos lavo de nuestros 
pecados y de nuestras injusticias, entonces "con ella misma 
habrá escrito nuestro Salvador Jesucristo nuestros nombres en 
el libro de su vida eterna, para vivir por siempre y para 
siempre, y más no para morir jamás". Ciertamente, "viviremos 
una vida y una gloria que no nos merecíamos jamás" por 
nuestras culpas, por nuestros pecados, por nuestras 
rebeliones e injusticias, delante de un Dios tan Santo y tan 
Bueno, como siempre lo ha sido nuestro Padre Celestial y su 
Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! 

Pero nuestro Padre Celestial nos ha dado su perdón eterno en 
su unigénito, su fruto de Árbol de vida eterna para todo 
ángel del cielo y así también para Adán y para cada uno de 
sus descendientes, porque "su Jesucristo nos ama 
abundantemente por justicia a su sangre, a pesar de nuestros 
pecados, de nuestras rebeliones y de nuestras injusticias, 
también". Y nos ama tanto nuestro Señor Jesucristo, porque 
siendo el Hijo de Dios no escatimo jamás ser mayor que el 
hombre de la tierra para venir a salvarlo: "derramando su 
sangre santa sobre los árboles cruzados de Adán y Eva en la 
roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para que 
hoy hagamos lo correcto en nuestros corazones". 

Y esto es "de dejarlo entrar en nuestras vidas con mucha 
confianza y con mucho gozo en nuestros corazones y espíritus 
humanos, para que siga haciendo todo lo bueno para nuestras 
vidas", en la tierra y para nuestras nuevas vidas eternales 
del cielo, igual, por y por siempre. Porque "solamente 
nuestro Señor Jesucristo sabe hacer muy bien", cómo nadie 
más, "sólo todo lo que es bueno para cada uno de nosotros", 
en nuestros millares, de todas las razas, familias, pueblos, 
linajes, tribus y reinos de la tierra. 

Es decir, también, que como nuestro Señor Jesucristo nadie 
sabe hacer lo bueno para con nosotros, ni aún los ángeles 
santos, "si no son guiados por él y por su Espíritu Santo", 
en el paraíso, en la tierra y así también en La Nueva 
Jerusalén Santa e Infinita del cielo, para el bien eterno de 
los que aman a Dios. Y cuando una persona puede hacer algún 
bien para él mismo o para los demás, será porque nuestro 
Padre Celestial, por medio de su Espíritu Santo, "le está 
dando dones y habilidades sobrenaturales, para que lo haga 
así para él y para su prójimo, para que las tinieblas mueran 
y la luz de la verdad de Jesucristo viva en nosotros 
siempre". 

Es por eso que nuestro Padre Celestial siempre se ha puesto 
en contra de todo aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace, 
porque "en su ignorancia está realmente haciendo que el mal 
de muchas gentes inocentes abunde y sin control alguno, 
también", y así vidas preciosas para su reino celestial sean 
afectadas y dañadas, como si nada. Y hay muchas gentes 
sufriendo algún mal en sus vidas, hoy en día, en muchos 
lugares de la tierra, porque "simplemente alguien no hizo lo 
correcto, lo justo, lo que sabe hacer con su corazón, con su 
mente y con sus manos", cuando tuvo la oportunidad de hacerlo 
así para si mimo o para el bien de los demás, por ejemplo. 

Es decir, que las tinieblas de siempre van en aumento una 
tras otra, "para terminar de hacer de la tierra y de toda 
vida humana otro infierno de tinieblas eternas, como el del 
más allá", por ejemplo, para que no haya luz alguna en todos 
sus contornos, sino únicamente muerte y destrucción total de 
todo lo creado por nuestro Padre Celestial. Y nuestro Dios no 
está en el cielo "para ver a la tierra volverse en otro 
infierno injusto, como el mundo de los muertos, violento, 
destructivo y sin vida o gloria alguna", por ejemplo, sino en 
convertirla en un paraíso terrenal para la satisfacción y la 
honra de su nombre santo y de su Hijo amado, ¡nuestro 
Salvador Jesucristo! 

Además, nuestro Padre Celestial tiene todo el poder de vida y 
de justicia infinita para logarlo así en toda la tierra, es 
decir, "si logra hacer que cada corazón del hombre, de la 
mujer, del niño y de la niña de la humanidad entera, 
comenzando con Adán, crea profundamente en su fruto de vida", 
su unigénito y nuestro único Salvador Jesucristo. Porque ya 
sea en el paraíso o en el reino celestial, todos sus seres 
creados hacen su perfecta voluntad en sus corazones, en sus 
mentes, en sus espíritus y en sus vidas celestes y normales 
de cada día del cielo, "para alcanzar aún mayores glorias y 
honras que en el pasado, para nuestro Padre Celestial y para 
su Espíritu Santo". 

Y esto es no sólo de creer en su Árbol de vida, sino de comer 
y de beber de él, para bien de sus vidas y para el bien común 
de los demás, en todos los vastos espacios celestiales del 
reino, "para que nuestro Padre Celestial sólo vea en todo su 
derredor verdad y justicia infinita de su Hijo Mesías". Y lo 
mismo nuestro Padre Celestial desea ver en toda la tierra, 
pero ya. Nuestro Padre Celestial no quiere ver más tinieblas 
en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la 
humanidad, porque así como se dolió de ver tinieblas en el 
corazón de Adán y de Eva, "así pues, contigo, hoy en día, mi 
estimado hermano y mi estimada hermana".

En verdad, "nuestra tierra está existiendo en días de 
gracia", como en días o tiempos extendidos por nuestro Padre 
Celestial para que todo pecador y para que toda pecadora se 
salve, igual como todos los demás que le aman a él desde la 
antigüedad acá, por medio de su fruto de vida eterna del 
paraíso, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque sólo en creer con 
el corazón y confesar con los labios su nombre salvador, el 
de su unigénito, "es que verdaderamente hay verdad y justicia 
infinita, para perdón de pecados y para sanidad y salvación 
inmortal para todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad 
entera". 

Puesto que, confiar siempre, como creer profundamente en 
nuestro Señor Jesucristo, "es como comer y beber de sus manos 
santas, del fruto de la vida y del agua de la salud eterna" 
del cielo y de toda la tierra, también. Para que todo ser 
viviente de la tierra "entonces viva su vida sin Satanás y 
muy feliz, también, como los ángeles del cielo", aunque 
todavía esté viviendo en la tierra, por ejemplo, pero 
infinitamente libre de todo mal del pecado y de sus muchas 
injusticia de Satanás en su corazón y en su espíritu humano, 
esta vez. 

Por todo ello, nuestro Padre Celestial les ha provisto a cada 
uno de sus millares de ángeles, arcángeles, serafines, 
querubines y demás seres muy santos del cielo: poderes y 
sabidurías muy especiales "para hacer siempre todo lo que es 
bueno y para el bien común de sus semejantes, por siempre y 
para siempre, en el reino de los cielos". Pues así también 
con todo hombre, mujer, niño y niña de las familias de las 
naciones de la tierra, "para que haya siempre luz en sus 
vidas y más no tinieblas", tinieblas que ciegan, como las 
tinieblas de siempre, que no sólo destruyeron mucha vida 
angelical sino también a Adán y a muchos de sus 
descendientes, desde entonces acá, por ejemplo. 

Ahora si tú mismo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, 
"deseas encontrar tu habilidad muy especial de parte de 
nuestro Padre Celestial", la cual te la proveyó a ti, en el 
día de tu formación en sus manos santas en el reino de los 
cielos, pues necesitas a Jesucristo en tu vida, hoy más que 
nunca, para encontrarlas. Y cuando las encuentres te harán 
muy feliz para hacer verdad y justicia para ti mismo en tu 
vida y en la vida de muchos también, aunque ellos no 
descubran nada aún, "para que comiencen a desaparecer 
automáticamente muchas tinieblas satánicas", las cuales no 
deberían estar entre nosotros, sino en su lugar las hondas 
profundidades del infierno, por ejemplo.

Porque sólo nuestro Señor Jesucristo te puede enseñar "cuales 
son las habilidades de tu corazón y de toda tu vida, 
también", como con las que te ha provisto para que le sirvas 
a él en su Espíritu Santo, en la tierra y así también en el 
paraíso, por siempre y para siempre, en la nueva eternidad 
venidera. Y esto es algo que tú muy bien puedes comenzar hoy 
mismo en tu corazón y en toda tu vida, también, "si tan sólo 
le pides a nuestro Dios que te enseñe, que te manifieste con 
cuales habilidades de su Espíritu Santo te ha datado para 
servirle a él, en la tierra, en el cielo y en la nueva 
eternidad celestial". 

Porque la verdad es que si tú encuentras las habilidades 
especiales que nuestro Dios te ha puesto en tu vida, y las 
pones a la obra de su servicio para bien de muchos, entonces 
"harás que muchas tinieblas mueran al momento y, entonces, 
sólo la luz de la verdad del Árbol de la vida aumente y 
prospere constantemente siempre". Porque toda tiniebla que 
está actuando libremente por toda la tierra, "es porque 
alguien no hizo lo correcto en el pasado, cuando tuvo la 
oportunidad de hacerlo así", así pues, encendiendo el mal de 
muchos y el crecimiento del pecado y de sus tinieblas de 
injusticias, en los corazones de mucha gente totalmente 
inocente y ciega a la realidad de Satanás.  

Pero si cada uno hace de su corazón lo correcto y con sus 
labios lo lleva a su obra final, entonces "las tinieblas 
dejaran de ser en muchos corazones de hombres, mujeres, niños 
y niñas, para que la luz de Jesucristo brille en sus 
espíritus humanos mucho más que la brillantes del Sol y de 
las estrellas de la inmensidad". Porque "nuestro Padre 
Celestial es sumamente poderoso para hacer todas estas cosas 
y mucho más, también", con cada uno de nosotros de todas las 
familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la 
humanidad entera, para gloria y para honra eterna de su 
nombre muy santo, por ejemplo, en nuestras vidas de día a día 
por el mundo entero. 

Entonces el que recibe al Señor Jesucristo en su corazón, 
como su única verdad y como su única justicia eterna, como 
Dios manda, "entonces ha empezado a destruir no sólo en su 
vida sino en la de muchos, también, muchas tinieblas de 
maldad y de gran injusticia", en la tierra y así mismo en el 
más allá, eternamente y para siempre. Y es por eso que tú 
eres muy importante para nuestro Dios, desde siempre; pues, 
tan importante eres para nuestro Dios "que dejo correr su 
sangre y toda su vida santa en su altar de tierra, para tocar 
tu corazón y tu espíritu humano con su verdad y con su 
justicia, para que tu sólo conozcas la vida eterna, pero ya". 

NUESTRO DIOS SINTIO EL PECADO Y SU INJUSTICIA UNIVERSALMENTE

Ciertamente, nuestro Padre Celestial vio desde el cielo "que 
la inmoralidad del hombre era en extremo aún más allá de lo 
tolerable por su Espíritu Santo" y, además, que toda 
tendencia de los pensamientos de su corazón era en si de 
continuo sólo de mal en peor, para con él mismo y para con su 
prójimo en la tierra. Y nuestro Padre Celestial se comenzó a 
sentir tan mal y hasta que más no pudo su Espíritu, porque 
"jamás había sido llamada su atención hacia tanta maldad del 
corazón, no tanto de los ángeles caídos, sino del mismo 
hombre", (la obra perfecta de sus manos santas del cielo y la 
esperanza de nuevas glorias, para su nueva era venidera). 

Esto realmente movió a nuestro Padre Celestial ha hacer algo 
por el hombre, cuanto antes mejor, "para que no se sigua 
perdiendo su vida, como en su mala manera de pensar y de 
vivir para con él mismo y para con sus semejantes, por 
ejemplo". Entonces nuestro Dios vio que sólo tenía una manera 
de cambiar la vida del hombre, y esto era sólo posible a 
través de su misma muerte, es decir, "terminando con toda 
vida de carne pecadora, humana y animal, para empezar de 
nuevo una vez más --pero esta vez-con el Espíritu de justicia 
del descenso de su Árbol de vida al mundo". 

Como quien dice, comenzar todo desde el fondo hacia arriba 
una vez más, pero esta vez, "esperando que no haya 
complicación de pecado para nadie, como en el principio del 
paraíso o de la tierra con todo hombre que volvió a alejarse 
cada vez más del fruto de su vida eterna, su Cordero 
Escogido, su Hijo Santo, por ejemplo". Y para hacer esta gran 
obra monumental, entonces "nuestro Dios tenia que hacer que 
la tierra sea llena de agua en vez de su Espíritu", para que 
toda vida humana y animal cese, cuanto antes mejor, para ya 
no sentir el peso y la presencia del pecado en su derredor en 
el cielo, y para posteriormente volver a rehacer al hombre. 

Pero esta vez, el hombre seria amoldado paso a paso de su 
vida con las mismas manos gloriosas de su Espíritu Santo, 
"para que reciba la gloria del cielo en su corazón, su Hijo 
amado", para que así ya no conozca tanto el mal de las 
tinieblas, sino el bien de la luz viviente del Árbol de la 
vida eterna. Y sólo así el hombre podría realmente vivir 
mejor en la tierra y delante de la presencia sagrada de su 
Dios y Fundador de su nueva vida infinita, por medio de su 
Espíritu Santo, y posteriormente "amoldado a perfección 
celestial esta vez también, por los poderes sobrenaturales 
del Espíritu de la sangre y del nombre glorioso de nuestro 
Señor Jesucristo". 

Y nuestro Dios tenía que hacer todo esto por el hombre, para 
que el pecado ya no sobreabunde sobre toda la faz de la 
tierra y suba hacia su presencia santa en el cielo, como 
siempre, "para que entonces el hombre encuentre su camino de 
vida y de salud infinita, por medio de su insustituible fruto 
de vida", ¡nuestro Salvador Jesucristo! Porque para el hombre 
no hay otra manera de reformar su corazón celestial y volver 
a la vida de sus primeros pasos en el paraíso, con Dios y con 
sus ángeles fieles a él y a su gran verdad eterna, "si no es 
sólo por la fe, de sus espíritus humanos por su Árbol de vida 
eterna", ¡nuestro Salvador Jesucristo! 

En efecto, esta era la única manera, como nuestro Padre 
Celestial realmente podía salvar al hombre de su estado 
espiritual, "el cual lo estaba llevando día a día hacia un 
caos total, de su vida en la tierra y en el más allá también 
y para siempre". Sí, estos días sobre toda la tierra y con 
todo pecador delante de Dios, fue casi "como cuando Adán y 
Eva comieron por primera vez del fruto prohibido del árbol de 
la ciencia del bien y del mal", y nuestro Dios tuvo que 
ponerle fin a sus vidas en el paraíso, para salvarlos de un 
mal aún peor que el primero. 

Y esto era "de que podían comer del fruto del Árbol de la 
vida eterna, pero esta vez con consecuencias aún mayores y 
muy terribles para sus almas infinitas", después de haber 
comido del fruto prohibido para entonces vivir para siempre 
en su pecado de rebelión y de desobediencia total a su Dios y 
a su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Asimismo, pues, 
fueron los días difíciles para nuestro Dios, cuando el pecado 
sobreabundaba sobre toda la faz de la tierra, "porque el 
pensamiento del corazón del hombre era de mal en peor para 
hacerse daño a si mismo y así también a su prójimo, sin tener 
temor alguno de las consecuencias terribles de sus malas 
palabras y de sus injustas acciones". 

Y nuestro Dios no iba a permitir que el pecado y la 
injusticia reinen por completo en la tierra para mal de la 
humanidad entera, "porque aún su Hijo amado no había nacido 
de la virgen de su siervo fiel, David, para ponerle fin al 
pecado y a su injusticia, y así entonces redimir al hombre 
del lago de fuego". Pues entonces, Dios tuvo que hacer lo 
correcto, lo mismo que hizo con Adán y Eva en el paraíso, 
pero esta vez era con sus hijos e hijas de él, "pues aún 
mucho más rebeldes que ellos mismos en contra de él y de su 
Árbol de vida eterna, ¡nuestro Salvador Jesucristo!, para no 
comer de la vida eterna jamás". 

En aquel entonces, la palabra del Señor Jesucristo se le 
predicaba a todo ser viviente moral o no, para que se 
arrepientan de sus malas maneras de pensar en sus corazones y 
de vivir para con sus prójimos, "para que su vidas progresen 
hacia el bien y más no hacia el mal, como vemos en nuestro 
mundo de siempre, por ejemplo". Y "este no era, por cierto, 
un trato humano que nuestro Padre Celestial quería para su 
Hijo amado, cuando descendiese del cielo" para nacer de una 
de las hijas vírgenes de su siervo David, por ejemplo, en la 
tierra escogida de Canaán para su pueblo y para su humanidad 
entera. 

Pues entonces, nuestro Padre Celestial tuvo que hacer lo 
correcto, cuanto antes mejor, "para que el recibimiento de su 
Hijo amado en el mundo no sea tan hostil e injusto y así su 
obra pudiese llevarse acabo, sin más complicaciones que 
antes", para evitar aún males peores que los anteriores para 
su corazón santo y para toda la tierra, también. Aquí es 
cuando nuestro Dios ve que todo era diferente con su siervo 
Noe. En su siervo fiel, nuestro Dios vio un mundo nuevo, 
"libre de las muchas injusticias de las naciones de aquellos 
días y de la propagación del pecado, en los corazones de sus 
ciudadanos".

Pues "Noé era un hombre que amaba a Dios y a su Cordero 
Escogido en su corazón", para que su sangre santa lo limpie 
del pecado cada día, para que finalmente algún día volver a 
vivir su vida normal en el paraíso, comiendo no del fruto 
prohibido como Adán, por ejemplo, sino del fruto de la vida, 
¡nuestro Señor Jesucristo! En verdad, "Noé era un predicador 
valiente, decidido, valeroso, justo y sin temor alguno del 
Señor Jesucristo para las multitudes de la antigüedad 
rebeldes a Dios y a su Espíritu Santo". 

Para que cada uno de ellos recibía a su único Salvador 
Celestial en su corazón, "como su único gran rey Mesías de su 
vida, en la tierra y en el paraíso, también, por siempre y 
para siempre". Y Noé era un hombre fuerte y valeroso con la 
palabra del Señor Jesucristo para darle gloria a nuestro 
Padre Celestial no sólo por medio de su vida, sino también 
por medio de la vida de los demás, para que no se ahoguen en 
el diluvio que venia y desciendan perdidos, sin Jesucristo en 
sus corazones, al infierno eterno.

Ya que, "sólo en nuestro Señor Jesucristo no hay inmoralidad 
de pecado, ni de injusticia alguna", tampoco: es decir, que 
nuestro Señor Jesucristo nació santo y puro del vientre 
virgen de una mujer "para jamás mentir, ni calumniar, ni 
falsar la verdad en contra de nadie, ni aun del mismo diablo, 
por ejemplo". Porque nuestro Señor Jesucristo jamás le 
mintió, ni falseo su verdad con ningún pecador, ni con 
ninguna pecadora en el paraíso, ni en la tierra, ni menos con 
Satanás de siempre del mundo de las tinieblas y de los 
muertos, por ejemplo, del más allá. 

Es por eso que nuestro Padre Celestial amo y cuido mucho a 
Noé y a su familia también, "para salvar al remanente de la 
humanidad y de los animales de toda la tierra", de la 
injusticia del pecado de los pecadores viles y sin amor al 
Señor Jesucristo en sus corazones de aquellos días, por 
ejemplo. Y Noé fue el hombre junto con su familia, el cual 
nuestro Padre Celestial escogió de toda una antigüedad 
humillante y rebelde a él y a su palabra viva: "porque Noé 
amaba en su corazón la venida del gran rey Mesías de todos 
los tiempos, el Hijo de David, Cristo Jesús, Señor nuestro, 
en el paraíso y en la tierra infinitamente".

Pues entonces, Dios le dijo a Noé que escogiera dos parejas 
de machos y hembras de todos los animales, para que sean 
salvos del diluvio venidero y entrasen en el arca que habría 
de construir, "para él salvarse con su familia de la ira 
venidera, por culpa de la injusticia de las naciones y de la 
inmoralidad espiritual del hombre ofensor". Y Noé le creyó a 
su Dios, porque hizo todo lo que le ordeno hacer palabra por 
palabra y hasta que todo se cumplió, "para gloria de Dios y 
para salvación de su vida y de la vida de muchos también, de 
aquellos días tan cortos de luces y, juntamente, cruciales 
para la humanidad entera". 

Y sólo así nuestro Padre Celestial podría asegurar la venida 
de su Hijo amado a la tierra, "para brindar verdad y justicia 
infinita a todo aquel que cree en su Creador", sólo por medio 
del Espíritu de su amor, palabra y nombre santo y sumamente 
milagroso, para el bien del corazón y de la vida de todo 
hombre, ¡nuestro Jesucristo! Es por eso que, hoy en día, mi 
estimado hermano y mi estimada hermana, vives en un ambiente 
mucho mejor de los días de Noé, "para respirar libertad de 
conocer a Dios, únicamente por medio de su fruto de vida 
eterna", ¡nuestro Salvador Jesucristo! 

Para que entonces nuestro Padre Celestial vuelva a ver, en el 
pensamiento del corazón del hombre: "sólo verdad, justicia y 
santidad del Espíritu de su Árbol de vida, su Hijo Mesías y 
nuestro único salvador posible para nuestras almas 
vivientes", en la tierra y así también de regreso al cielo, 
al paraíso de la antigüedad de nuestros antepasados, Adán y 
Eva. Y sólo de esta manera, nuestro Padre Celestial no se 
volverá a doler en su corazón, por haberte creado a ti, sino 
que "será lleno su corazón santísimo, como el lugar de 
nuestro ideal nacimiento, repleto de sólo amor, verdad, 
justicia, honra y nuevas santidades jamás alcanzadas ni aún 
por los ángeles, para exaltación y adoración de su nombre 
santo y recto". 

Porque nuestro Padre Celestial ama lo más grande de nuestros 
corazones y de nuestras almas infinitas, "la verdad de su 
Jesucristo palpitando verdad, justicia y sobre todo vida y 
salud en abundancia para enriquecernos a cada uno de 
nosotros", de todas las familias, pueblos y reinos de la 
tierra, para empezar ya su nueva vida infinita de su Gran 
Jerusalén Colosal. Y Dios desea que tú estés con él y con tu 
familia muy amada, también, "para gozar con él por siempre y 
para siempre en la justicia y en la verdad de su fruto de 
vida eterna, nuestro único gran rey Mesías y Salvador de la 
humanidad entera", ¡nuestro único Jesucristo de La Gran 
Jerusalén Encantadora, la nueva alegría del cielo!

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su 
Jesucristo es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en 
el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, 
Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras 
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y 
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para 
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, 
nuestro Señor Jesucristo.

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo 
a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo 
eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, 
de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su 
Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en 
ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que 
el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando 
llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los 
ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando 
día y noche entre las llamas ardientes del fuego del 
infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. 
En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en 
el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en 
espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas 
los males, enfermedades y los tormentos eternos de la 
presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de 
espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de 
los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios. 
Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día 
honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de 
sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, 
mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar 
cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada 
categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada 
dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada 
decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus 
muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de 
la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y 
de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de 
Israel y de las naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en 
tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en 
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha 
venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde 
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". 

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza 
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni 
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas 
ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios 
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, 
sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me 
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a 
los que me aman y guardan mis mandamientos". 
 
TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová 
tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre 
en vano". 

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para 
santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero 
el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en 
ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu 
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está 
dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los 
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y 
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del 
sábado y lo santificó". 
 
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que 
tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te 
da". 
 
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". 

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". 

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". 

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de 
tu prójimo". 
 
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no 
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su 
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu 
prójimo". 

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos 
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno 
de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por 
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los 
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus 
ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, 
en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, 
también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de 
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde 
los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, 
en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos 
males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en 
abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas 
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor 
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y 
digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de 
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y 
salvador de todas nuestras almas: 

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la 
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo 
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el 
cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, 
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también 
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en 
tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el 
poder y la gloria por todos los siglos. Amén. 

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre 
Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no 
perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará 
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la 
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, 
sino es POR MÍ". Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY! 

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. 

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA 
TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de 
éste MUNDO y su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al 
tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que 
entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ 
DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: 
Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que 
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi 
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a 
venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador?  ¿Sí _____?  O ¿No 
_____?

¿Fecha? ¿Sí ____?  O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de 
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con 
Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate 
en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y 
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es 
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de 
Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros 
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del 
evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender 
más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros 
cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes 
temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, 
entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, 
para ver que clase de libros están a tu disposición, para que 
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, 
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su 
Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de 
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la 
paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras 
oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo 
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras 
bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y 
nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos 
los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y 
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis 
hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre 
Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en 
el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. 

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el 
Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y 
asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de 
Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda 
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo 
corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y 
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, 
como antes y como siempre, para la eternidad.


http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?
playertype=wm%20%20/// 



http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx



http://radioalerta.com


Post Reply
about | contact